trasgrediendo el mártir aire citadino,
mofándose de besos
y de viajes,
colgándose de nubes
y de instantes,
evidenciando el narcicismo
de cada amor,
de cada emprendimiento,
de cada utopía;
presagiando sus caminos
hacia los escaparates
de alguna tierra infértil
o hacia el hocico de los perros.
Ya se desangran,
indolentes,
los muros del esqueleto
sobre mis manos;
ya nos ahogamos en la sangre
los que no sabemos nada del río
o de primeros auxilios
frente a la marea.
Aún galopa la sangre,
más allá del tráfico del tiempo,
más allá de los aeropuertos
que nos ven morir entre maletas,
muletas
y amuletos,
la lúgubre erudición
y la ética moderna
nos encierran entre su poesía,
en sus metáforas carnosas.
El mundo se adhiere al desapego,
a la infamia,
y la falta de estribos
los libera;
quieren vivir como locos,
respirar como locos,
requieren la redención quimérica
para pensar que no mueren
sin saber bailar
y despeinarse la corbata,
para pensar
que pueden morir de amor
y no de hambre,
morir de fe
y no de crisis,
morir de vida
y no de muerte.
-ven a mí, que muero,
ven a distraerme,
a detener mi sangre
con tu juicio-.
(este ejercicio es tan egolatra
como el vitalicio de existir)
Yo me voy a vivir,
a vivir con la desgracia tras los párpados.
No me digan
que me estoy derrumbando,
no recuerden
la parodia y el espanto;
sé que me iré,
que el subconsciente me muerde,
no ella,
con su juicio,
pero las ganas de morir
se me van apagando
en cada verso.
(y la sangre sigue corriendo)
Aún galopa la sangre,
ya lo sé,
pero el mundo entero se detiene
y la sangre rebelde
me incrusta conciencia
y credulidad,
me ilumina los ojos,
las moléculas,
la materia gris,
me da oxígeno
pero me niega los árboles
de sus alrededores.
(la sangre siempre cuestiona
el origen de los matorrales,
de las texturas bélicas,
de la inexorable eternidad
de una sombra a contraluz)
Aún galopa la sangre
y es un duelo verse los nudillos
mientras sostienen a la muerte,
grano a grano,
de la arena,
cuando finge
que el tiempo vuela,
yo me voy volando,
volando con mis engranajes,
con la sangre
cantando
sobre los muros de mi cuerpo.
Daniel Mejía
1 comentario:
hermoso
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