Algo sobre la felicidad

Nos he visto por ahí agarrados de la mano, diciéndonos no sé qué cosas que suenan a oropel y que no trascienden, por ahí solamente, trazando una distopía en medio de nuestras nimiedades, besándonos como el resto de nuestros restos, como besábamos a nuestro pasado y como el pasado de tantos se besa a nuestro alrededor.

No somos tan diferentes a esos amores que tanto aborrecemos; apenas y logramos contemplar el narcisismo de un amor recién nacido, pero eso no basta, cuando parada de puntas me pides que no me vaya, y entonces pierdo la cabeza y me convierto en un cliché sobre tus labios.

Ahí estamos otra vez, a la par de tantas otredades, -parece que puedo verte ironizando mis palabras, burlándote de todo cuánto quiero dibujar- jugando a ser eternos, -parece que nunca hay suficiente muerte para quien ama- recostados en el piso o en la banca según venga la suerte, pero perdidos entre nuestro amor eterno que cada vez le toca respirar más fuerte.

Nos he visto ahí, intentándole buscar color a un mundo que sólo vemos en blanco y negro como esas películas que tanto les gustan a los nostálgicos. Y no somos tan diferentes a una película de Woody Allen o a un poema de Bécquer. Claro, en nuestra propia dimensión.

¿Nos has visto? podría intuir tu respuesta y más aún, ser cómplice de ella como eres cómplice de mis excesos. Sé que no. Sé qué puedes odiar a los espejos si te llegan a tocar tu propia historia. Sé cuánto detestas ver a esas típicas parejas besándose en la calle, buscándose como si se estuvieran arrepintiendo de haberse hallado. Quizás es por eso que cuando mis palabras salen como un espejo y los excesos son demasiado para ti -naturalmente- te veo, tan bien como nos veo, burlándote de nosotros más que de mí y eso en verdad no es nada extraordinario, pues de vez en cuando es bueno escapar de ser uno mismo con otra persona, tan sólo para recordar nuestro viejo y negro sentido del humor.

Nos he visto trasgrediendo lo que fuimos antes de ser felices, es decir, trasgrediendo nuestra rebeldía, nuestra irreverencia, ocultándonos de tantos argumentos mientras nos volvemos un cliché en nuestros labios, nos he visto colmar las expectativas y dejarnos de forjar en base a los errores y la desidia, y ser una parodia de lo que un día fuimos.

Nos he visto comunes, compartiendo un páramo, un vacío sin tener la osadía de llenarlo, nos he visto felices sin hacer tantas preguntas a la hora de besarnos. Quizás no somos tan diferentes a todo ese amor de allá afuera, pero ahora entiendo que cambiaría todos los argumentos por convertirme en un cliché sobre tus labios.

Ahora no importa mucho que tan absurdo me vea siendo feliz cuando en general la situación no está de humor.

Soy un cliché sobre tus labios y en esa nimiedad quiero quedarme a dormir,
-a tu lado-
y ser tuyo sin ponerme renuentemente objetivo sin necesidad.
Con todo lo que ser tuyo signifique, amor mío.



Daniel Mejía 

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