INSTINTO
Tanto tiempo viviendo entre humanos y como uno de ellos, y ya no recordaba esta sensación; ésta cuando mi instinto se apodera de mi razón y me convierte en el salvaje que hace tiempo fui.
Me parece que la última vez fue hace poco más de una década; cuando después de haber bebido una botella de vino, las ansias de beber sangre humana llegaron a mí. Por supuesto que bebí la sangre artificial que regularmente bebo en estas ocasiones, pero esa vez la sensación y las ganas de probar sangre eran más fuertes.
Embriagado por la combinación del vino y esa sangre insípida salí a la calle en busca de algo que me diera satisfacción.
Caminé por las calles de la ciudad, y entre la gente como si fuera un muerto buscando a la v¡ctima perfecta. Eran tantas personas pero ninguna llamaba mi atención.
Caminé unas calles adelante dentro de la oscuridad de los barrios; hasta que al fin la encontré. Era una prostituta, muy sexi.
Tranquilo pero muy ansioso me acerqué a ella y me ofreció sus servicios, la empujé contra la pared con un brazo y con el otro la toqué como loco por todo el cuerpo, ella estaba demasiado excitada. Así la llevé a mi departamento.
Entonces ya en mi recámara le quité sus ropas de un jalón, jugueteé con ella; lamí cada centímetro de su cuerpo, eso la volvía completamente loca y gritaba y rasguñaba mi espalda. Su cuello era exquisito, las ganas de morderla me mataban pero aún no era el momento, dejaría eso para el final.
Tuve sexo con ella por horas parecíamos dos salvajes, yo la penetraba sin sesar y ella gritaba y gemía por un placer que jamás había sentido.
El mejor momento casi llegaba, así que terminé dentro de ella, y ella me baño por completo, la besé y mordizqueé sus labios, luego sus tetillas, hasta que llegué a su cuello, a su exquisito y excitante cuello. El olor a sangre tibia me enloquecía, podía escuchar como su corazón aceleraba con cada caricia y mordizqueo.
No me podía contener más, besé desde su vagina hasta su cuello lentamente, eso la hacía retorcerce. Ya en su cuello esperé unos instantes saboreando su olor.
Y con mi mano jugueteé de nuevo su vagina y lameé sus pechos; me pareció más interesante morderla cuando llegara al clímax otra vez. Y así fue, al morderla sentí un sabor que jamás había probado. De ahí para luego es un recuerdo borroso; he aquí mi recuerdo vago: la prostituta muerta y yo estábamos recostados sobre unas sábanas teñidas de un rojo intenso, el cadáver tenía mordidas por todo el cuepo, estaba casi destrozada y aún así yo le absorbía la poca sangre o lo que pensaba que quedaba en ella.
No estoy seguro estaba tan embriagado y perdido, pero me parece que penetré su cadáver hasta el cansancio, y ya no puedo recordar más.
Al fin me sentía satisfecho, había saciado mi apetito sexual y las ansias de beber sangre.
Desde eso hasta ahora no volví a cometer una locura como esa. Tenía a la bestia reprimida dentro de mi cuerpo.
Ahora nuevamente pelea por salir y no estoy seguro de poder contenerlo o si encontrara algun punto débil para quedar en libertad.
1 comentario:
Algo de hace unos cuantos años.
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