A veces tormentas. A veces un pandemónium. Una mialgia de dioses familiares, costumbres asesinas, canciones monótonas con ideas fundamentadas en el perdón y el olvido.
¿Qué encontramos dentro de nosotros?
Yo acabo de encontrar al mundo entero, con sus tormentas, y su civismo. Con su política de vida y su seguro contra accidentes. Acabo de encontrar vísceras educativas, riñones del abuelo, esperma de los cines, glaciares matemáticos, montañas cristalinas que lloran y se van junto a la autoestima. Acabo de encontrar axiomas en mi garganta que se enredan como inútiles sentidos de la melancolía. Cada cosa reacciona dentro de mí, como una fuerza motora que se enferma año con año, que ha nacido predispuesta al fracaso o a la gloria, según mi libertad regule. Todo está en orden, pero dentro de ese orden no me encuentro. Yo no soy el que apaga la alarma, que el aborda un camión, no soy el que se arregla para la ocasión, ni el que espera su turno. Es mi costumbre, mis ganas de conmover, las ganas de tantos ojos puestos sobre mis zapatos. Es el mundo indolente también, motor, escribiendo las palabras tras el ordenador.
Es la sed vacía, como la casa, como la oscuridad en dónde tienes que ir advirtiendo con tus manos dónde caminas, dónde puedes sentir sed y dónde no, porque aquí, si tu sed no tiene carisma, no sirve de nada.
¿Acaso mi libertad será eso? ¿Un amasijo hecho de rabia, educación, lívido, frustraciones y quimeras?
Mi libertad es una demagogia y no estoy yo para contarla. ¿A dónde ir cuando toda la belleza interior se ha podrido entre la masa? Me he llenado de exterior, y en cualquier momento, después de tantos simulacros, el fin del mundo llegará.
Daniel Mejía
1 comentario:
profundo y real, muy chingon rey...muy chingon !!
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