En mi bicicleta cómplice

Estoy cansado, pero sigo sufriendo, pero sigo riendo
pero sigo pedaleando hasta no llegar

estoy cansado pero sigo en la confusión
y me sigo clavando una daga en el corazón

estoy cansado pero sigo fingiendo, pero yo nunca miento
estoy cansado, aburrido y harto pero caigo en la misma emoción
estoy cansado y me sigo enterrando una daga en el corazón

estoy cansado y sigo enloqueciendo y me sigo calmando y me sigo extrañando
y me sigo escribiendo una daga en el corazón

Luego la magnífica oscuridad de la avenida, llena de luces siderales
provenientes de motos y camionetas, múltiples e indefinidos recuerdos,
banquetas rotas y curvas en sentido contrario.

Ládrame perro, sóplame viento,
ládrame perro, por favor
sóplame viento, por favor
píntame en un rotulo señor pintor
por favor, maúllame gato y transfiéreme a tu existencia

Supongo que existe la gente madura y espero conocerla…
yo tampoco, no siempre soy bueno dando consejos,
yo tampoco me entiendo y al fin y al cabo tampoco entiendo al amor.

Total un poeta no es un psicólogo,
ni un psiquiatra ni un invencible,
y aun si lo fuera, ese no soy yo.

Hay que rendirle, también como cualquiera, cuentas a gente grotesca.
Hay que seguir las leyes y olvidar el dolor. Hay que ser responsable
y darle un espacio muy corto a la soledad… ¡Pero que contrariedad!

Y pensar que a mí me gustaba rodar como un octágono
y creer que ya no sé soñar y mirar que casi nadie sabe lo que sabe
y justificarme de vez en cuando y encontrar motivos
y encontrar culpables y ser el principal

y dejar de hablar antes de seguir hablando


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