Mala letra

A veces, quizá, la palabra se queda inmóvil
como inválida y abrumadora, dócil,
sale a prisa, con mala letra,
con hiatos y veneno, clara y tónica.

Y no se sabe hasta dónde penetra,
hasta donde está bien escrita,
no se sabe hasta donde es plomo
  o silencio esparcido como moscas hambrientas.

Y de pronto, uno se acostumbra a callar
entre silabas y versos:
Es esto del silencio, de la soledad
que terminan empapando.

Pero hay palabras que son utópicas
entre la voz y que sólo pueden
plasmarse a versos, a silencios
  o soledad.

Se mueven los labios y se nota estupor
en cada parlamento que dicta entre dientes
el papel, inmóvil
como inválido y abrumador, dócil,

y sale a prisa, con mala letra,
con hiatos y veneno, claro y tónico.

Y entonces, entre papel inmóvil
  y letra inválida,

entre letra tónica y papel con hiatos
entre hombre con mala letra
y mujer abrumadora,

sale, simplemente, libremente
un hecatombe de espasmos
claros y dóciles

como la hoja, la letra,
el hombre y la mujer.

Daniel Mejía Flores 

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