Llega la quincena en esta ciudad tercermundista, y yo aburrido como casi siempre, veo a la gente pasar y hablar como casi siempre, y todo se pone más denso. Pero las aves cantan igual y mis tripas gruñen igual; y yo me siento igual de loco, igual de libre, igual de tenso. Intenso. Y un poco MENSO. Me siento, me siento loco.
Así, así, me gusta ir caminando por la vida. Diciendo y diciendo tontería. Tontería y media... tontería y media tontería.
La existencia me faaa- tiga; lo digo con lentitud asombrosa. La quimera esta viva, aunque la tengo aquí dormida, quizá en una lata de jugo, o quizá en un jugo de lata... o quizá en la baba... o quizá en el quizás, en los quicios... y en frases que se me ocurrieron pero alguien ya las fue a patentar.
"No hemos inventado nada" oía en una canción... y yo pa´ que quiero inventar, sólo quiero llegar al cajero a cobrar, a cobrar, automáticamente a cobrar; en el cajero automático, automáticamente, a cobrar. En el cajero automático. Automático se dice lentamente y duele. Duele. Duele mucho. Duele. Duele este ruido. Este ruido esta grotesco. Esta gente esta grotesca, ni quien la calle, pues ella es ella, o sea es otra, siempre ajena, y ¿el respeto?
[Silencio... esta alta la montaña ¿de qué hablas? de que esta alta la montaña; definitivamente: esta alta] ¿Por qué lo pusiste entre corchetes? ¿y los acentos perdidos dónde están? ¿dónde se perdieron? Ayudame a buscarlos, se me descargo mi celular, y de todos modos, no tiene lucecita.
Te amo vida... mira cuanto te soporto... y aun así te sigo aguantando... y no te lo reprocho: te amo vida. VIDA, sí, literal, literalmente vida... litoral, litoralmente vida.
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